Ancares y el monte Medulio

Etimología

Según Juan Abella Fernández, el topónimo “Ancares” proviene del latín “ancora ae”, que, además de ancla, significa “refugio”, “último refugio”, y hace referencia al lugar en que los astures, huyendo, fueron acorralados y, finalmente, cercados y derrotados en el año 25 antes de Cristo por el legado romano Publio Carisio. El citado ubica en la cabecera del valle de Ancares el asedio al  monte Medulio, que el historiador romano Lucio Anneo Floro describe así:

“Al final tuvo lugar el asedio del monte Medulio, que fue rodeado por un foso continuo de 15 millas. Avanzando a la vez y por todas partes el ejército romano, los bárbaros al fin se dieron cuenta de que estaban  en una situación desesperada y se vengaron en medio de un festín, dándose muerte a sí mismos a  porfía, con fuego, el acero y el veneno que comúnmente obtienen de los árboles del tejo, librándose la mayor parte de la esclavitud, que estimaban por entonces ser más onerosa que la propia  muerte”.

 

Por su parte, Paulo Orosio lo cita de la siguiente manera

“Pues también cercaron con asedio el Monte Medulio, que se alza sobre el río Minio, y en el que se defendía gran multitud de hombres, después de rodearlo con un foso de quince millas de longitud.”

 

A juicio de Juan Abella, es errónea la ubicación del monte Medulio en la cima de una montaña, habida cuenta que ello choca con la estrategia militar romana, que siempre ocupaban las alturas, donde instalaban sus campamentos, tal como indica Flavio Vegecio, y desde allí, en línea cerrada,  habrían conducido  a los enemigos astures, empleando la táctica de acorralamiento, hacia la cabecera del valle de Ancares, donde fueron exterminados.

Precisamente, la toponimia de las montañas al final del valle conocidas como Mortal Borete, Mortal de Galegos, Mortal d’ Osos, y a los pies de este monte, ya en el valle, Veiga Lánsara” (que se traduciría al castellano como “Vega de las Lanzas”), y también “a Brutieira” a los pies de Miravalles (brutieira significa carnicería), harían referencia a la gran matanza que en los mismos tuvo lugar en el asedio a lo que los romanos llamaron batalla del mons Medullius (monte Medulio). Tampoco debemos de olvidar que entre el sur de Ancares y el río Sil (río Minio para los romanos) apenas hay 15  kilómetros en línea recta. 

 

Así mismo, hemos de tener presente que fue el propio emperador Augusto quien narró en su autobiografía las Guerras Cántabras (sin embargo esta obra se ha perdido), el cual no conocía con detalle la toponimia de la parte occidental de la cordillera Cantábrica, máxime  cuando la dirección de la guerra en esa zona fue asumida, no por el Emperador (que nunca estuvo en el territorio de los astures), sino por su legado Publio Carisio, y el Emperador, al narrar las citadas guerras, debió de utilizar el nombre de “mons Medullius”, que se correspondería con las actuales Médulas, y sí era un lugar conocido por la  explotación  aurífera de los astures todavía no sometidos,  para designar una zona cercana, como es Ancares, a dicho monte. Posteriormente, Tito Livio también narró con detalle la guerra contra astures y cantábros en los tomos 135 y siguientes de su obra “Desde la fundación de la ciudad”, que también se han perdido, documentado en la citada autobiografía del Augusto, y solamente  nos quedan los breves extractos y resúmenes de historiadores posteriores, como Floro, Dion Casio y  Orosio,  inspirados en la obra de Tito Livio, y que hacen someras referencias a las citadas guerras. 

 

En otro orden de consideraciones, el descubrimiento de los próximos campamentos romanos de A Recacha y Granda das Xarras (Balouta) vendría a corroborar esta teoría.

 

Posiblemente, y a falta de confirmar  por los oportunos estudios arqueológicos, la fortificación de Peña Piñera, entre Vega de Espinareda y Sésamo (quizá el nombre de Sésamo derive también de Segisamo, el otro campamento del mismo nombre que alojó a Octavio Augusto en su ataque contra los cántabros),  no sea un castro, como erróneamente creen algunos (no hay rastro de casas), sino un campamento romano, que podía albergar a unos diez mil legionarios  (tiene unas quince hectáreas); al parecer, se trataría de un castra hiberna, con un muro defensivo de piedra, levantado por motivo de la citada campaña contra los astures, y en aplicación de la táctica romana aplicada en la guerras contra aquellos, refugiados en las montañas; esto es, el acorralamiento, conducir al enemigo hacia un lugar previamente determinado, para allí masacrarlos por las fuerzas allí apostadas, y tanto es así que Floro dice: “Acorralaba a aquella gente feroz como en una especie de ojeo de fieras”.

 

Es posible, y como mera hipótesis de trabajo, que el nombre del monte “El  Cuadro”, cerca de Miravalles, haga referencia a la existiese de algún campamento romano, esto es, “cuadro” o rectángulo en lengua ancaresa.

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